Las cosas van llegando
sin forzarlas,
cuando es el tiempo.
Solo prestar bastante atención
y animarse un poco.
A veces, por miedo a quedarnos pegados,
a confundirnos, a perdernos,
a dejar de ser quienes somos,
no nos animamos lo suficiente.
Por miedo a quedar atrapados
en una identidad ¨ajena¨,
nos perdemos mundos.
Y de golpe ( o no tanto!), nos animamos
y quizás alguien nos dice:
viste, yo te dije, ahora si, sos igual a mi!
Zas, se cumplió aquello tan temido!
Y entonces dos caminos:
salir corriendo,
dejar aquello
a lo que nos estábamos animando,
o recordar que no somos idénticos a nadie
(ni almas gemelas ni nada de eso!),
que hacemos nuestro propio camino
y que nos vamos desplegando,
a nuestro propio paso y ritmo.
Nosotros mismos, únicos y originales.
Y desde ese recuerdo, seguir creciendo.